9 ene 2005

Carrete Vacío


A las 6:30 de la mañana, en pleno sueño, me despertaron unos chillidos. Aun en pijama, asomé la cabeza por la ventana, para ver asombrada un hombre en calzoncillos rojos durante pleno invierno en Paris, gritando como una loca. Se echaron tres hombres encima suyo hasta que vino la policia. Le advirtieron educadamente, como buenos policias franceses, que entrara al hotel y se fuera a dormir, como los demas en la vecindad.

Al despertar presencie un precioso día soleado. Aproveche para descubrir nuevas vecindades con mi aparato de fotos. La escalera de la parada de metro donde quería salir tenía manchas de sangre. Pasé por el Templo Ganesh, donde dos hindus me miraron con cara rara y no me atreví a entrar a estorbarles durante su ritual de Puja. Las calles estaban llenas de gente de todos los colores, religiones y paises imaginables. Me monte en otro metro hacia Glicancourt, buscando el famoso mercado de Pulgas. Pasé por debajo de un puente y había un gran bazaar donde se vendía todo lo que pueda ofrecer la imaginación. Pero no me sentí muy comoda cuando varios chicos de origen árabe saltaban hacía mi diciendome "Tu es mignone!" y no podía esconderme lo bastante bajo mi gorra beige. Mientras intentaba mantener una mirada fría hacía el vacio, para que no me pusiera a reir. Pero vaya zona más viva! Lo que más me entusiasmó no fue la cantidad de kachi-bachis que vendían a precios alucinantes, sino lo diferente que era la gente de esta zona al centro de Paris. Me sentía como si me hubiera ido a un viaje a otras tierras. Y también me encanto testiguar los grandes cambios por los que ha pasado Europa- había amor multiracial por todos lados. La cantidad de fotos que hubiera tomado de la gente, pero tenía miedo de que alguien se peleará conmigo, asi que anoté mentalmente de venir otro día cargando menos cosas por si alguien se molestara conmigo poder echarme a correr más fácilmente.

Me metí en el metro para volver hacia casa. Dos franceses borrachos se pelearon con un vagabundo más borracho aun que ellos por hacer indecencias en público. El metro se llenaba cada vez más, como de costumbre, y por fín decidí bajarme en Ettiene Marcel, porque pensé que quedaba cerca de Montorgeuille, una calle encantadora de peatones. Cuando salí del metro tomé fotos de una vagabunda dormida al lado de un supermarché. Me gustaba el contraste de ella durmiendo pácificamente en la calle, mientras las señoras bien vestiditas hacían sus compras de cocina. Después subí equivocadamente la Rue St Denis, a lo que yo pensaba era rumbo a mi casa. Pero lentamente me di cuenta que algo no parecia familiar. Empezando por la cantidad de sex shops... y a continuación me vi rodeada de una banda de prostitutas- gordas, delgadas, con caras gastadas, con faldas demasiado cortas para llamarlas "faldas" y no podía faltar con pechos que se salían practicamente de las blusas o los corsettes... Y bueno, esto también hubiera sido divertido fotografiar, pero ay, si venían detrás mío... no quería acabar con un ojo morado.... Caminé una hora mas perdida, y por fin llegué a mi casa con el hombro casi destruido de cargar con tanto peso por largas horas. Pero estaba llena de alegría por dentro, que día tan emocionante! Reviví todos los detalles mientras sorbía pacificamente un chocolat chaude en el refugio de mi simple apartamento. Sin fotos, pero feliz.