Inscripción
Hoy ya caminé rápidamente - feliz - coquetona, saltarina con aire rebelde; brincando de un tren a otro con gran facilidad, al único cámino que se - para llegar a la Sorbonne.
Me sentía tan parte de las masas de gente que caminan por los pasillos súbterraneos precipitádamente- y yo, solo un puntito más en un sinfín de puntitos. Solo me queda conocer el resto de Paris, pero me encanta a la vez sentirme perdida e incógnita- que libertad tan dulce.
Me inscribí en la Sorbonne ayer. Cuando por fín encontré el edificio tan majestuoso y académico, le pregunté a un guardia donde tenía que irme en mi francés chapucero y me señaló a la esquina...
Voy caminando determinada para inscribirme rápido y tener muchos días libres para andear por Paris sin una sola preocupación. Solo tener en mi horario: cuantas siestas debo dormir en un dia, en que barcito se puede uno tomar la mejor copa de vinito, o donde puedo descubrir una boutique con zapatos adorables. En fin, descansar un poco después de tanto jaleo para emprender esta aventura.
Encuentro el edificio, me pierdo un poco y le pregunto a otro guardia donde me inscribo. Me comenta casualmente que hasta las 2:00 no abren- miro mi reloj- son las 12:30.
Bueno pues pienso tardará solo un poquito más de lo que me esperaba. Decido sentarme en frente de una pintura del siglo XVIII y contar cuantas mujeres llevan le scarf – demasiadas.
Ya casi son las 2:00 y veo que se forma una fila en frente de la puerta y me uno. Pasa un hombre majo haciéndonos preguntas uno a uno. Cuando llega mi turno, me pregunta Tienes el papelito verde para hacer una cita? No, le contesto y me da un mapa amablemente indicándome el edificio a cuatro cuadras donde me espera el papelito verde. Maldita sea, pienso un poco mosqueada, no son suficientes la decena de papelitos que ya llevo conmigo, los cuales prepare con meses de anticipación?
Camino rápido, para que esto se acabe hoy y no me pierda el plazo para la inscripción. Me espera otro guardia que me dirije a la izquierda y bajo las escaleras. Allí me saluda un hombre sonriente con corbata y me entrega un numero – 118.
Entro en una sala de teatro y noto bastante gente delante mío con el númerito en la mano. Dos mujeres francesas estan sentadas detras de mesas en el escenario, contestando preguntas por horas y yo me pregunto, De que diablos estan hablando tanto? Que tengo que contarles? Solo quiero inscribirme… Espero pacientemente, bostezando. Espero que no me toque la francesa refinada con la voz aguda y gestos de princesa que me ponen los pelos de punta, pienso. Pero sí, me toca ella. Yo le explico en mi frances debilucho, que no tengo preguntas, que solo quiero inscribirme y me entrega el papelito verde. Por fin, pienso. Me despido lo mas amablemente posible y corro hacía el otro edificio.
Me encuentro con el mismo chico majo, que cada vez me parece menos majo, y le doy el papelito verde aliviada. Pero no me deja pasar. Me entrega un papelito blanco y otro rosado, y me dice con mucha cortesía, aunque no esconde bien sus ojos burlones, que debo rellenarlos. Le obedezco.
Y pienso, como siga él con estas tonterías se cerrará esto a las 4:00 y me voy a perder el plazo, que ya están los días contaditos. Pero por suerte, el chico que me parecía cada vez menos majo, me deja entrar.
Una vez dentro, espero en otra fila, pero me aseguro, Michelle estas en Francia, la burocracia aqui es asi de normal – papelitos, sellos y mas papelitos- no es como antes, inscribiéndote en media hora y pagando con tu tarjeta de crédito. Me ve una mujer, me dice que debo volver mañana para pagar en cheque; por lo menos ha guardado mi información electrónicamente.
Hoy volví y pase por otra función de papelitos, cheques, fotos y mas papelitos multicolores. Aunque me parezca ridículo, a la vez me causa cierta gracia. Ya estoy inscrita, y al fin y al cabo, eso es lo que cuenta.
El misterio de los papelitos: me contaron después que la razón por la cual todo sigue con tanta burocracia en muchas instituciones, es porque en Francia, siendo un pais socialista, no se ve bien ni es permisible despedir a tanta gente que tenia un puesto existente antes de la era de informatica.

<< Home