25 ene 2005

Barcelona


Como cambia el paisaje cuando te acercas a las tierras españolas, es algo que no acaba de fascinarme. Desde el avión, mares azulados y plateados por el sol, montañas negras, tierras secas, desiertos y bosques verdosos... Una obra de contrastes, ese es el paisaje español. Inmediatamente sentí una enorme y indescriptible alegría que inundaba mi ser.

Cuando llegue a la ciudad salí en Plaza Cataluña. Por primera vez vi la ciudad donde me había formado como persona, donde habían pasado algunos de los mejores momentos de mi vida, o los más inolvidables de mi infancia. Pero no me sentía en contacto con la gente ni en compás con la dura ciudad. La verdad, que no era Barcelona que había cambiado, era yo como de costumbre. Me sentía apartada y distante, pero esta apatía fue desvaneciendo.


Lo primero que hice fue caminar en la Rambla, escuchando un tema de "La Caja de Pandora", sintiendóme encima del mundo. Como siempre el sol tostaba las polvorientas calles. Los pajaritos, las estatuas vivientes, los artistas dibujando retratos, las marujas vendiendo flores, los indios vendiendo camisetas del toro o Barca y los muñequitos de flamenco. Todo igualito tal y cual como lo dejé. Que ilusión, era como estar en casa. A comparación de Paris, Barcelona tenía un ambiente muy gótico combinado con grunge. Volver allí me hizó darme cuenta de muchas facetas de mi personalidad. Después de beber medio litro de sangría equivocadamente di vueltas por el Barrio Gótico. Con sus calles estrechas y oscuras, me sentía que caminaba por un laberinto. Para mí este siempre ha sido el corazón de Barcelona. Al final de la noche, caí rendida en una pensión catalana de 1860. Combinaba un espíritu distinguido con un ambiente familiar y cálido. Las habitaciones disponían de mobiliario rústico adaptado al estilo del hotel, techos altos y un ascensor re-antiguo.

Fue interesante para mí emprender mi primer viaje sola. Era un reto personal al que siempre quise someterme; viajar libremente como mujer tiene sus riesgos. Pero conseguí hacer todo lo que hubiera hecho aunque viniese acompañada. Para no quedarme enfocada en la solitud, me pasaba los días ocupada. La única parte que me incomodaba era cenar en restaurantes sola, y las miradas de perplejidad que la gente me lanzaba. Seguro se pensaban que mi novio me había dejado plantada - como dice mi madre "con los crespos hechos"!

Las horas del silencio las pasé observando, los momentos desocupados los pasé escribiendo. Reflejé en mis pensamientos tranquilamente, escuché las conversaciones de la gente y me reí mucho - los españoles siempre tienen tanta chispa al hablar, la razón principal por la cual estoy tan enamorada de este país - que manera de expresarse con tanta franqueza, pasión y soltura! Te lo dicen todo tal y cual y eso lo admiro.

Me llevé una buena dosis de sol y gozé de reales tapas españolas- gazpacho, calamares, canelones y boquerones al vinagre... entre muchos más. Ví mi adorada Sagrada Familia, con la que hace tiempo no he soñado, aunque sigo queriendo casarme un día de estos y en mi sueño llegaremos esta vez. Disfrute el manjar de churros con chocolate mientras una banda de gitanos asaltó el cafecito. Me surgió una lagrimita de emoción cuando un grupo de ancianos comenzó a bailar "las sardanas" en frente de la Catedral. Admiré los vivos colores de los mercados de La Rambla, saturados de frutas, verduras y mujeres chillonas. Reposé al lado de unos hippies en el Parque Guell, rodeada de bella arquitectura modernista del amado Gaudi. Desde la cima de una montaña, quemada por el sol, se veía la bella ciudad con su encanto español. Me harté de buscar el libro de Baily en una tienda que no se llamase "llibreria" - la verdad me entristeció ver que Barcelona se vuelve cada día mas catalán. Cultura, colores, sol, chispa, sabor y pasión - puede que suene estereotípico- pero me fui de allí sintiéndome revivida. Pero con el anhelo de querer volver - lo antes posible...

9 ene 2005

Carrete Vacío


A las 6:30 de la mañana, en pleno sueño, me despertaron unos chillidos. Aun en pijama, asomé la cabeza por la ventana, para ver asombrada un hombre en calzoncillos rojos durante pleno invierno en Paris, gritando como una loca. Se echaron tres hombres encima suyo hasta que vino la policia. Le advirtieron educadamente, como buenos policias franceses, que entrara al hotel y se fuera a dormir, como los demas en la vecindad.

Al despertar presencie un precioso día soleado. Aproveche para descubrir nuevas vecindades con mi aparato de fotos. La escalera de la parada de metro donde quería salir tenía manchas de sangre. Pasé por el Templo Ganesh, donde dos hindus me miraron con cara rara y no me atreví a entrar a estorbarles durante su ritual de Puja. Las calles estaban llenas de gente de todos los colores, religiones y paises imaginables. Me monte en otro metro hacia Glicancourt, buscando el famoso mercado de Pulgas. Pasé por debajo de un puente y había un gran bazaar donde se vendía todo lo que pueda ofrecer la imaginación. Pero no me sentí muy comoda cuando varios chicos de origen árabe saltaban hacía mi diciendome "Tu es mignone!" y no podía esconderme lo bastante bajo mi gorra beige. Mientras intentaba mantener una mirada fría hacía el vacio, para que no me pusiera a reir. Pero vaya zona más viva! Lo que más me entusiasmó no fue la cantidad de kachi-bachis que vendían a precios alucinantes, sino lo diferente que era la gente de esta zona al centro de Paris. Me sentía como si me hubiera ido a un viaje a otras tierras. Y también me encanto testiguar los grandes cambios por los que ha pasado Europa- había amor multiracial por todos lados. La cantidad de fotos que hubiera tomado de la gente, pero tenía miedo de que alguien se peleará conmigo, asi que anoté mentalmente de venir otro día cargando menos cosas por si alguien se molestara conmigo poder echarme a correr más fácilmente.

Me metí en el metro para volver hacia casa. Dos franceses borrachos se pelearon con un vagabundo más borracho aun que ellos por hacer indecencias en público. El metro se llenaba cada vez más, como de costumbre, y por fín decidí bajarme en Ettiene Marcel, porque pensé que quedaba cerca de Montorgeuille, una calle encantadora de peatones. Cuando salí del metro tomé fotos de una vagabunda dormida al lado de un supermarché. Me gustaba el contraste de ella durmiendo pácificamente en la calle, mientras las señoras bien vestiditas hacían sus compras de cocina. Después subí equivocadamente la Rue St Denis, a lo que yo pensaba era rumbo a mi casa. Pero lentamente me di cuenta que algo no parecia familiar. Empezando por la cantidad de sex shops... y a continuación me vi rodeada de una banda de prostitutas- gordas, delgadas, con caras gastadas, con faldas demasiado cortas para llamarlas "faldas" y no podía faltar con pechos que se salían practicamente de las blusas o los corsettes... Y bueno, esto también hubiera sido divertido fotografiar, pero ay, si venían detrás mío... no quería acabar con un ojo morado.... Caminé una hora mas perdida, y por fin llegué a mi casa con el hombro casi destruido de cargar con tanto peso por largas horas. Pero estaba llena de alegría por dentro, que día tan emocionante! Reviví todos los detalles mientras sorbía pacificamente un chocolat chaude en el refugio de mi simple apartamento. Sin fotos, pero feliz.

7 ene 2005

Reíre


Esta noche vi Frida Kahlo por la segunda vez. Que belleza, que producción, que poesía...! Lágrimas deslizaban mis mejillas- por la ternura, la compasión, la fuerza y el amor. Como un "kahlodóscopo", la música y los colores tan vivos pintaban el cuadro de su vida. Lloré porque echo de menos mi gente, mi idioma, ... lo que me ata a este mundo, aunque este esparcida por un sinfin de rincones. Me siento triste y melancólica, pero a la vez con fuerza y optimismo....



Me alegra saber que pronto me voy a un lugar familiar. Me quedaré en una pensión catalana al lado de Paseo de Gracia. Que nombre más adecuado porque sí me va a hacer mucha gracia... como pienso reirme. Reíre sola, pero reíre con ganas. Y si mi queridísima amiga de infancia, está allí conmigo, reiremos juntas como en los viejos tiempos.